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Viernes, 29 de agosto del 2014
Reciclaje
Las 3 Rs del cuidado ambiental

R³ (Reducir, Reutilizar, Reciclar) es una iniciativa de un grupo de cinco chicas de la PUCP que enseñan a dieciséis chicos de un Asentamiento Humano de San Juan de Lurigancho la importancia del cuidado del medio ambiente y cómo pueden convertirse en agentes de cambio.

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Martes, 17 de agosto del 2010  |  

La experiencia de formar un grupo desde cero no es fácil, pues todos tenemos ideas distintas, sobre todo cuando estudiamos carreras diferentes. Las integrantes de este equipo son Koni Venero Escobar, María Elena Papuico Navarro, Jocelyne Flores Papuico, Diana Sofía Medina y Verónica Hurtado Lozada.

 

Ellas aún están cursando Estudios Generales Letras, pero sus rumbos son distintos, pues pronto pasarán a las facultades de Psicología, Arte, Gestión y Alta Dirección, Sociología y Ciencias Políticas.

 

Lo que busca su proyecto es sensibilizar y enseñar sobre la problemática medioambiental a chicos entre 2do y 4to de secundaria del colegio Abelardo Quiñones del A.A.H.H. Juan Pablo II en San Juan de Lurigancho, no sólo para que sepan la teoría, sino para que tengan una actitud crítica y responsable sobre lo que pasa en su entorno.

 

El proyecto consta de 3 etapas: Conocimientos, Aprendizaje (qué pueden hacer desde sus ámbitos  personales) y Otras Iniciativas (conocer qué hacen otros en este ámbito). Los chicos aprenden a través de juegos e interacción a cuidar el medio ambiente en el que viven y a identificar cuál es la problemática de su lugar.

 

Conversamos con dos de las integrantes de este proyecto, Koni Venero y María Elena Papuico; ellas viven en Comas y El Rímac respectivamente, y han visto de cerca la realidad de convivir en espacios en los que no se respeta el cuidado del medio ambiente.

 

Sin embargo, con la experiencia del proyecto del que forman parte, han visto evolucionar a los chicos con los que trabajan, que con cada sesión se interesan y aprenden más.

 

Ellas mismas aterrizan los temas medioambientales en cada sesión y les explican cómo afecta cada una de sus acciones (como el simple hecho de botar un papel al piso) al deterioro del planeta. Además, también les enseñan a tomar acciones y a ser protagonistas de un proyecto que es para ellos.

 

Ahora, están llevando a cabo la segunda y tercera etapa en forma paralela, tratando de dar soluciones prácticas a problemas relacionados con el medio ambiente, como, por ejemplo, la implementación de un centro de acopio en el colegio, organizando los tachos de basura para que los chicos reciclen.

 

Con esto no sólo buscan que ellos se interesen y aprendan sobre la importancia ambiental del reciclaje, sino que el plan es vender todo lo reciclado para que puedan generar ingresos para el colegio y hacer alguna mejora en infraestructura. De esta forma, estos jóvenes podrán darse cuenta de que cuidar el medio ambiente, no sólo genera bienestar para un planeta que pueden ver lejano, sino que es algo cercano que también puede producir dinero y darles el entorno que se merecen.

 

Una de las mejores partes de llevar a cabo un proyecto como éste, es que todos descubren cosas, ellas les enseñan las bases y cómo aplicar la teoría en la práctica, y los chicos les enseñan a ellas cuáles son los problemas ambientales que tienen en su comunidad.

 

Estas estudiantes tienen claro de que ellas no son las protagonistas del proyecto, sino los jóvenes a los que están capacitando, pues como dice Koni “es su situación y son ellos los que pueden solucionarla”, ellas sólo los están guiando en ese proceso.

 

¿Cómo surgió la iniciativa?

Se conocieron a través de la asociación civil CREA casi de casualidad, dos de ellas ya eran voluntarias y las demás se enteraron de esta asociación mediante amigos. No saben si la universidad les puso el “chip” de tener esa necesidad de hacer algo para que otros mejoren o si era algo que ya tenían dentro y que se enfatizó con lo que han aprendido.

 

María es consciente de que trabajar en equipo no es fácil, pero el interés común pudo más: “Lo que nos unió fue que todas de alguna forma siempre habíamos tenido el deseo de hacer algo, pero no sabíamos cómo ni con quiénes, ni cuándo y apareció esta oportunidad que fue perfecta”.

 

Según Koni, esta experiencia les ha ayudado a aprender a trabajar en equipo, y a respetar y tomar en cuenta ideas diferentes, pero sobre todo a recordar que están trabajando con personas, lo cual las motiva aún más.

 

El año pasado ocuparon el segundo lugar del Premio de la Oficina de Promoción Social y Actividades Culturales de Estudios Generales Letras de la PUCP (OPROSAC) y ésta experiencia les permitió ver más de cerca iniciativas de responsabilidad social, aprender a organizarse y planificar mejor las estrategias comunicacionales, y a conseguir el apoyo financiero que necesitaban para implementar su proyecto.


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