Quiero empezar con el final del discurso pronunciado por la Alcaldesa Susana Villarán con motivo del 476 aniversario de nuestra ciudad: La idea de una “Lima para todos”. Parte de ser una ciudad para todos es lograr que sea habitable por todos, es decir, que nos ofrezca un mínimo de calidad de vida para todos sus ciudadanos.
Una calidad de vida que se puede medir de muchas formas… una puede ser lo que Lima es capaz de ofrecer a los limeños: desde los servicios básicos, seguridad, empleo, salud y educación; y otra forma de medir la calidad de vida, es la calidad ambiental que la ciudad ofrece a sus habitantes, como aire puro, suelo vivo, agua limpia. Complementando estos últimos criterios a los más convencionales anteriores, podríamos medir cuán habitable, cuán sana es una ciudad.
Con el objetivo de tener una ciudad sana, encuentro que es un acierto de esta alcaldía trabajar, (entre otros, como el transporte público, que no voy a tocar aquí), dos temas claves: la inclusión social y el espacio público. Y el espacio público como medio para lograr la inclusión social. Y una sociedad inclusiva, cohesionada e identificada con su cuidad que por lo tanto cuida su espacio vital.
Coincido también en que la Costa Verde y el río Rímac son dos lugares principales y emblemáticos a intervenir.
La Costa Verde es el espacio público primordial de Lima, y necesita ostentar ese merecido título en la ciudad latinoamericana más grande de la costa del Pacífico. Para ello, es necesario un buen masterplan, general, de escala metropolitana, como bien lo dice el arquitecto Ortiz de Zevallos. Pero Lima se merece además que la Costa Verde sea un frente marítimo de orden contemporáneo. A partir de lineamientos que normen el uso, la gestión de recursos, la eficiencia en el manejo del suelo, la municipalidad debe hacer un llamado a proyectos paisajísticos y arquitectónicos eficientes y bellos: cuya implementación no sólo nos haga estar orgullosos y felices de ser limeños, sino que nos pongan en el mapa global.
La belleza es parte fundamental de la sostenibilidad. Y la belleza contemporánea se define, en primer lugar por un compromiso ético con el planeta, y en segundo lugar por una heterogeneidad de miradas, una diversidad de modos de experimentar, y en este caso, de habitar el espacio. Con todo esto quiero decir que el argumento de que Lima viene esperando esto hace mucho, y que por ello se tiene que hacer rápido, es inoperante. Ya esperamos mucho, podemos esperar un poco más y tener la Costa Verde que nos merecemos.
Por otro lado, hacer veredas, ciclovías, banquitas, pérgolas y farolitos a lo largo de todo el malecón, alfombrando de césped el camino, creo que es muy inconexo y no muy sostenible. La municipalidad no se debe convertir en una oficina de proyectos, debe ser un buen gerente y gestor de proyectos, organizar y lanzar concursos internacionales de diseño para captar las mejores ideas de arquitectos peruanos y extranjeros. De esto, se pueden nombrar experiencias exitosas en muchas ciudades: Medellín, Buenos Aires, Barcelona, son algunas.
Retomo el ejemplo que conversara Augusto Ortiz de Zevallos en entrevista con El Comercio: el malecón de Chorrillos. No es posible que el diseño de un espacio público tan importante quede en manos de un pequeño grupo de personas, de una municipalidad.
El río verde, por lo que entiendo, es un proyecto tanto de remediación ambiental, como de rehabilitación social de la zona. Considero que es fundamental, entendiéndolo como una pieza en la acción de la recuperación de la cuenca entera del Rímac.
Las cuencas de nuestros tres ríos deben ser cuidadas: la del Chillón y la del Rímac necesitan ser recuperadas, pero no hay que olvidar a la cuenca de Lurín, el único caso en el que podemos prevenir antes que lamentar. No podemos dejar que se destruya el único ecosistema de valle que nos queda en Lima medianamente sano.
Las tres cuencas deben ser entendidas como corredores ecológicos imprescindibles para el buen funcionamiento del metabolismo de una ciudad. Con nuestros tres valles “sanos”, Lima puede mejorar considerablemente su calidad ambiental, además de proveer a los limeños del espacio público y verde que tanto le hace falta.
Autora: Arq. Susel Biondi Antúnez de Mayolo, docente en la Facultad de Arquitectura de la PUCP e investigadora en el Centro de Investigación de la Arquitectura y la Ciudad.


