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30/06/2026

La huella de lo digital: Nubes, streaming y redes bajo la lupa

Imagen: RGB Escuela

Por: Julio Mallma Espíritu, voluntario de Clima de Cambios

¿Cuántas veces al día abrimos Instagram o Tik Tok sin pensar en lo que ocurre detrás de la pantalla? ¿Qué sucede con cada fotografía que almacenamos en la nube o con cada serie que reproducimos en una plataforma de streaming? Aunque percibimos el mundo tecnológico como algo intangible, cada clic, cada minuto de reproducción de tu serie o película favorita, o cada momento scroll requiere energía, agua y recursos naturales para funcionar. Este artículo busca visibilizar la huella ambiental oculta detrás de nuestras actividades digitales diarias. 

La nube también tiene un peso ambiental

Cada fotografía almacenada en la nube, documento guardado en Google Drive o correo electrónico enviado con archivos adjuntos requiere espacio en centros de datos físicos que operan las 24 horas del día. Estas instalaciones necesitan refrigeración constante y grandes cantidades de electricidad, muchas veces provenientes de fuentes fósiles. Cada byte almacenado implica energía para procesarse, transportarse y mantenerse disponible en servidores. Por ello, el crecimiento de los datos digitales incrementa el consumo energético global. Según estimaciones, un centro de datos de tamaño medio puede consumir decenas de millones de litros de agua al año para enfriar sus servidores, además de generar importantes emisiones de CO 2 (Didactum Security, 2026).

En el caso de los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial, algunos estudios señalan que sus emisiones podrían alcanzar niveles comparables con los de grandes ciudades como Nueva York (Ecosistemastartup, 2025; Infobae, 2025). Estas cifras ayudan a comprender que el almacenamiento en la nube, aunque parezca intangible, depende de una infraestructura tecnológica que consume energía, agua y recursos de manera constante.

En este contexto, acumular archivos innecesarios, mantener copias duplicadas o almacenar información que ya no utilizamos incrementa la huella de carbono asociada al almacenamiento digital.

Streaming: entretenimiento con consumo invisible 

Ver series, reproducir videos en alta calidad o seguir transmisiones en vivo implica el funcionamiento constante de servidores, redes y procesamiento de datos que requieren grandes cantidades de energía. Aunque una reproducción individual pueda parecer mínima, el consumo global de plataformas de streaming genera emisiones de carbono comparables con las de algunos países debido a las millones de horas reproducidas diariamente (Ecosistemastartup, 2025).

Además de la energía, el streaming también tiene una huella hídrica relevante, tanto de manera indirecta como directa. Por un lado, los centros de datos que sostienen estas plataformas utilizan millones de litros de agua al año para refrigerar sus servidores. Mientras que la generación de electricidad necesaria para mantenerlos también implica el consumo indirecto del agua (Didactum Security, 2026).

Esto demuestra que cada reproducción digital termina impactando de forma  significativa sobre el medio ambiente.

Redes sociales y consumo energético permanente 

Publicar una foto, dar “me gusta”, compartir contenido, enviar un mensaje o ver un video corto puede parecer una acción simple e instantánea. Sin embargo, cada una de estas actividades activa procesos constantes en servidores, centros de datos y redes de conexión que requieren electricidad para funcionar. Aunque el gasto energético de una sola acción digital es pequeño, este se multiplica millones de veces cada día por usuarios de todo el mundo. Como resultado, las actividades cotidianas en internet terminan generando un consumo energético real y permanente que muchas veces pasa desapercibido. Por ello, el uso masivo de redes sociales se ha convertido en un reto energético global, ya que el aumento del tráfico de datos, especialmente por videos cortos y reproducciones automáticas.

Imagen: Vecteezy

Según DigitalInside (2025), en un informe sobre el sector digital se señala que el ecosistema digital global, que incluye redes sociales, centros de datos y dispositivos utilizados diariamente por millones de personas, consume entre el 4 % y el 6 % de la electricidad mundial. Además, genera entre el 2 % y el 3 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Estas cifras muestran que el uso constante de plataformas digitales tiene un impacto real en el consumo de energía y en el medio ambiente, aunque muchas veces pase desapercibido para los usuarios en todo el mundo. 

¿Cómo reducir la huella digital? 

Cada archivo almacenado, video reproducido o interacción en redes sociales consume energía y recursos naturales. Frente a ello, pequeñas acciones pueden ayudar a reducir la huella ambiental de nuestras actividades digitales.

Eliminar archivos innecesarios, evitar documentos duplicados y reducir correos con adjuntos permite disminuir el consumo energético asociado al almacenamiento en la nube. Asimismo, descargar contenidos, limitar la calidad de reproducción y reducir el scroll innecesario contribuye a disminuir la huella de carbono e hídrica del consumo digital (Didactum Security, 2026; DigitalInside, 2025).

Comprender el impacto ambiental de lo digital es un primer paso para promover un uso más consciente y sostenible de la tecnología.

Referencias: