Por: Marco Murga, voluntario de Clima de Cambios
Acceder al agua potable es una necesidad básica para la supervivencia humana y económica. Según lo propuesto por Naúmenko y Kózyreva (2023), aunque el Perú posee el noveno puesto mundial en reservas de agua dulce, este recurso se encuentra distribuido de manera inversa: la vertiente el Pacífico genera el 80.4% del PBI y alberga al 65% de los pobladores, no obstante, dispone tan solo el 1.77% del agua del país. A lo largo de la historia, esta escasez ha podido ser contrarrestada con las aguas de deshielo, las cuales actúan como reguladores naturales en las temporadas secas. Sin embargo, el cambio climático moderno viene provocando un derretimiento acelerado que amenaza la seguridad hídrica de nuestro país.
¿Por qué son importantes los glaciares para el Perú?
Nuestro territorio concentra el 71% de glaciares tropicales del planeta (Lozano-Povis et al., 2021). Estas reservas representan un pilar de subsistencia, ya que el agua de deshielo equivale al menos al 25% del consumo total de la población según la temporada (Johansen et al., 2019). En épocas de sequía, estas mismas aguas son la fuente hídrica indispensable para el abastecimiento de las comunidades altoandinas y los valles costeros (Lozano-Povis et al., 2021; Naúmenko & Kózyreva, 2023). Además de ello, el sector agrícola peruanos ocupa el segundo lugar en América Latina dependiente de agua de deshielo para sistemas de riego, de este mismo modo, el caudal de origen glaciar alimenta a las centrales hidroeléctricas locales (Naúmenko & Kózyreva, 2023).
Se tiene proyectado que las temperaturas en las áreas montañosas aumentarán entre 1 °C y 3 °C hacia finales del siglo XXI (Johansen et al., 2019). Esta situación se ve agravada por fenómenos naturales como El Niño, ya que se elevan las temperaturas y se reducen las precipitaciones sólidas, acelerando así el derretimiento de glaciares (Naúmenko & Kózyreva, 2023). Como consecuencia de esto, el Perú ha perdido cerca del 51% de sus superficies de hielo en los últimos 40 años, tenemos a la Cordillera Blanca y la Cordillera de Vilcanota como algunas de las zonas más afectadas, así como el reconocido nevado de Pastoruri, al borde de la desaparición total luego de sufrir un retroceso de 490 metros en su superficie (Chahua García, 2025; Naúmenko & Kózyreva, 2023).
¿Cómo afecta el retroceso glaciar a la población?
Cuando los glaciares de la cordillera se derriten, no solo se pierde paisaje; se genera un problema enorme que golpea los derechos de la gente (Chahua García, 2025; Naúmenko & Kózyreva, 2023). Esto pasa por tres grandes razones:
En primer lugar, la trampa del «pico de agua”, esto ocurre cuando el hielo se derrite más rápido de lo normal y los ríos traen más agua de lo normal. Parece algo beneficioso, pero no lo es, una vez que se llega a un punto máximo de derretimiento, el volumen de los ríos cae en picada y para siempre: los ríos se secan y el clima local también, esta es una consecuencia que ya está afectando a unos 360,000 pobladores de los Andes con la escasez de agua en sus casas (Johansen et al., 2019).

En segundo lugar, este proceso amenaza a la comida y la luz. Sin agua corriente, se vuelve complicado sembrar productos básicos como la papa, la quinua, el maíz. Además, la tierra se desgasta y pierde sus plantas (Lozano-Povis et al., 2021). Sumado a ello, al ser el agua la mayor fuente de luz en el Perú existe menos energía eléctrica: la famosa central del Cañón del Pato ya bajó su producción de 1,540GWh a 1,250GWh porque el río viene con menos fuerza (Naúmenko & Kózyreva, 2023).
En último lugar, existe un peligro constante frente a tragedias y aluviones, ya que el hielo derretido ha formado más de mil lagunas nuevas e inestables en las alturas. Si un pedazo grande de hielo o roca cae en estas lagunas, se forma un aluvión o huaico gigante. No olvidemos que en 1941 un aluvión destruyó Huaraz y otro sepultó a Yungay en 1970 (Chahua García, 2025; Naúmenko & Kózyreva, 2023).
Si bien el clima es un problema, también es una mala gestión lo que agrava esta situación. Estudios aclaran que la escasez no es solo culpa del calentamiento global, esto se debe de igual manera a las malas decisiones políticas, tuberías rotas y falta de obras en las ciudades. El agua limpia de los glaciares es desperdiciada y termina perdiéndose en el mar porque no contamos con un buen sistema público que la destine a un buen uso.
Se han propuesto tres soluciones urgentes para frenar este mal. Primero, la vigilia de lagunas con el uso de tecnología moderna para revisar constantemente las lagunas y desglosar sistemas de alarma. De esta forma, si alguna laguna se desborda, la población puede ser avisada a tiempo para que realice la evacuación correspondiente. Segundo, la creación de represas y reservorios que permitan atrapar el agua de lluvia y deshielo antes de que este se vaya al mar y se pierda. Tercero, promover una agricultura más diversa y el cuidado del agua en las chacras (Lozano-Povis et al., 2021), así como la plantación de árboles en las alturas que, gracias a sus raíces, pueden funcionar como esponjas, retener el agua y proteger la tierra (Chahua García, 2025).
Un compromiso que nos involucra a todos
Aunque pensemos que este problema solo afecta a las comunidades de la sierra, la realidad es que nos golpea a todos. Como país, albergamos más del 70% de los glaciares tropicales del mundo y protegerlos es una misión nacional. Estar orgullosos de nuestra riqueza no es ir a un nevado, tomarse una foto para las redes sociales y regresar a Lima o a la costa a seguir desperdiciando agua; el verdadero orgullo es cuidarla. Tenemos un tesoro que se está derritiendo y necesita que actuemos como sociedad. La próxima vez que abras el caño, pregúntate: ¿cómo sería mi vida si mañana ya no saliera una sola gota?, ¿realmente cuido el agua o solo la consumo? Esa autorreflexión es el primer paso para entender que lo que hoy damos por sentado, para miles de compatriotas, ya es un lujo.
Referencias
Chahua García, N. R. (2025). Retroceso glaciar en Áncash: una cuenta regresiva para la sostenibilidad ambiental y humana. REPIAMA: Revista Peruana de Ingeniería, Arquitectura y Medio Ambiente, 2(1), 7-9. https://doi.org/10.37711/repiama.2025.2.1.5
Johansen, K. S., Alfthan, B., Baker, E., Hesping, M., Schoolmeester, T., & Verbist, K. (2019). El Atlas de Glaciares y Aguas Andinos: el impacto del retroceso de los glaciares sobre los recursos hídricos. UNESCO Publishing. https://books.google.com/books?hl=es&lr=&id=ipaHDwAAQBAJ&oi=fnd&pg=PA7&dq=el+atlas+de+glaciares&ots=s_0sU3rtPX&sig=JqwIYSbXtPmoMe0OQYQq-t-ue0s
Lozano-Povis, A., Alvarez-Montalván, C. E., & Moggiano, N. (2021). El cambio climático en los andes y su impacto en la agricultura: una revisión sistemática. Scientia Agropecuaria, 12(1), 101-108. https://doi.org/10.17268/sci.agropecu.2021.012
Naúmenko, T. V., & Kózyreva, M. S. (2023). El derretimiento de los glaciares andinos como amenaza a la seguridad hídrica de Perú. Iberoamérica, (3), 29-46. https://doi.org/10.37656/s20768400-2023-3-02


