Entrevistamos al Ingeniero Agrónomo Héctor Velásquez, coodinador de la RAAA, quien se encontraba reunido con representantes de asociaciones de agricultores. En esta reunión discutían el reglamento de Bioseguridad y una reciente norma del MINAG para el fomento de la agricultura orgánica. Para ellos esta norma tiene la finalidad de frenar las protestas contra el Decreto 003 y el Reglamento de Bioseguridad.
¿Cuál es la posición del gremio en cuanto al proyecto de ley de la moratoria para el ingreso de los transgénicos?
Nosotros consideramos que, en el grupo especializado de CONVEAGRO, una moratoria va a permitir, primero, hacer un inventario de recursos genéticos: identificar genes, variedades locales, nativas y su ubicación. En segundo lugar, proponer medidas de conservación, desarrollo, investigación y organizar la normatividad. Principalmente porque se ha encontrado que el MINAG aprueba el reglamento para sistemas de obtención de variedades el mismo día que el Decreto 003. Esto significa que si tú investigas una semilla, puedes hacer un cruce de ella y terminas patentando el recurso genético. La moratoria nos permitirá organizar todo un sistema de control para que no se lleven los productos genéticos ni se contamine semillas que no son transgénicas. Todos estos detalles no están contemplados y, sin embargo, ya se dio la ley. Tenemos que desarrollar capacidades y ver las competencias operativas del INIA. Esta institución dice que va a hacer investigación, pero no sabemos en realidad de qué tipo. Lo que pretenden, según nuestros análisis, es que van a tercerizar la investigación. Esto quiere decir que las grandes empresas harán investigación y terminarán patentando el recurso.
Además del decreto 003 el MINAG ha establecido el Reglamento de Bioseguridad ¿Qué conclusiones tienen después de la lectura de este reglamento?
En primer lugar, el reglamento nos da la razón en muchos aspectos y especialmente en el artículo 23: Podrán retirarse las semillas modificadas genéticamente cuando han existido daños o problemas de contaminación. Ellos mismos están reconociendo que es algo que no pueden medir ni detener. Pero no dice qué pasa con las consecuencias que se han generado: ¿Quién paga si hay problemas con la salud o contaminación de recursos genéticos locales? Ese tipo de cosas no están claras en el reglamento. Por otro lado, cuando existe un sistema de producción de semillas, un sector las produce y otro vigila. No puedes ser juez y parte. Pero vemos que se le está dando toda la potestad al INIA. Esta institución investiga y produce de semillas, a la vez que fiscaliza y penaliza a quienes incumplan con el reglamento. Eso no nos parece correcto. Antes el SENASA cumplía la labor de vigilancia, ahora se le ha quitado esta responsabilidad. Además, el MINAM debería ser un órgano sectorial comprometido y regulador dentro de esta actividad y solo ha sido considerado como un elemento consultivo.
¿Puede convivir la biotecnología con la agricultura orgánica en el Perú?
La convivencia es imposible. No puede existir una parcela orgánica y una transgénica porque esta última podría contaminar a la primera. No hay forma de separar y determinar cuál es orgánica o transgénica, a menos que zonifiques y determines lugares donde podría sembrarse. Pero, ¿cómo regularlo? No hay nada establecido.
Eso no está presente en el reglamento
Y, además, así determinen que solo la costa norte sería para cultivos transgénicos, la estrategia de sobrevivencia de nuestros agricultores es siempre manejar semillas de otros lugares. Cómo el INIA va a evitar que los agricultores trasladen las semillas transgénicas hacia otras regiones dónde no se puede cultivar. Por ejemplo, cuando hay plaguicidas prohibidos aparecen en lugares donde no deberían estar, a pesar de que el SENASA fiscaliza este producto. Eso no está claro en el reglamento y debería estar al detalle.
Algunos sostienen que con el ingreso de semillas transgénicas elevaríamos la productividad de la agricultura y dejaríamos de importar y depender de otros países.
Tanto en el algodón, maíz, canola y la soya; ninguno de ellos ha sido modificado genéticamente para un mayor rendimiento. Han sido modificados para producir su propia toxina, resistir a un herbicida o con ambas cualidades. En ninguno de estos casos una semilla que produce cierta cantidad, cambia y rinde el doble. Dicen que, como la planta crece sin daños habrá más producción, pero eso es falso. No solo una plaga afecta el cultivo. Existen muchos insectos que no van a ser afectados o algunos que van a crear resistencia, esos van a aumentar y el plaguicida se va a seguir usando. No es una propuesta que ofrezca mayor utilidad para los productores. Además ya está demostrado en Colombia, donde los agricultores han denunciado a la compañía que les vendió la semilla del algodón Monsanto, porque les dijeron que iban a aumentar sus ingresos, pero eso nunca ocurrió.
¿Por qué crearía una dependencia tecnológica de los agricultores el ingreso de las semillas transgénicas?
En nuestro modelo de producción los agricultores guardan sus semillas de una temporada para otra. Con los transgénicos eso no funciona. Estas semillas tienen el gen terminator que impide guardarlas y usarlas después. Eso quiere decir que los agricultores van a seguir comprando siempre las semillas. Por otro lado, otro argumento es que las empresas van a terminar patentando el recurso genético y eso significa que vamos a estar pagando el derecho de uso al que tiene el registro de patente, a pesar de que son nuestras variedades genéticas.
El MINAG señala que el reglamento solo responde a la necesidad de establecer un marco legal y no promueve el ingreso de semillas transgénicas
Es una salida que quieren darle a la norma. Cuando se declara la moratoria también se organiza un sistema de vigilancia. Esta medida no significa no a los transgénicos. Por el contrario, organiza la normatividad y cómo se desarrollan las capacidades en el país para evitar problemas a futuro y eso fácilmente podría haberse echo.


