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17/06/2026

Agricultura regenerativa como el nuevo modelo agrícola que busca revivir la tierra

Imagen: Agrolatam

Por: Dámaris Lila Carbajal Alvarez, voluntaria de Clima de Cambios 

Cada 17 de junio se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha que invita a reflexionar sobre el deterioro de los suelos y la necesidad de transformar la forma en que producimos nuestros alimentos. 

Frente a este desafío, la agricultura regenerativa surge como un modelo capaz de restaurar los ecosistemas, fortalecer la seguridad alimentaria y contribuir a la lucha contra el cambio climático.

El suelo constituye uno de los recursos naturales más importantes para la vida en el planeta. De él depende cerca del 95% de la producción mundial de alimentos, además de desempeñar funciones esenciales como el almacenamiento de carbono, la regulación del agua y el mantenimiento de la biodiversidad. Sin embargo, durante las últimas décadas este recurso ha sufrido un acelerado proceso de degradación debido a prácticas agrícolas intensivas que priorizan el incremento de la productividad por encima de la conservación ambiental (FAO, 2021).

La agricultura convencional ha permitido aumentar significativamente la producción de alimentos para abastecer a una población mundial en constante crecimiento. No obstante, este modelo también ha generado consecuencias ambientales importantes. La expansión de los monocultivos, el uso excesivo de fertilizantes y pesticidas sintéticos, la deforestación y el laboreo intensivo del suelo han provocado la pérdida de materia orgánica, la disminución de la biodiversidad y una mayor emisión de gases del efecto invernadero. Como resultado, millones de hectáreas presentan hoy distintos grados de degradación, reduciendo su productividad y aumentando su vulnerabilidad frente al cambio climático (IPCC, 2019).

Agricultura regenerativa como propuesta para recuperar los ecosistemas

Ante esta problemática, la agricultura regenerativa se presenta como una alternativa que busca reducir el impacto ambiental de la agricultura y restaurar activamente la salud de los ecosistemas. A diferencia de otros modelos sostenibles que se enfocan principalmente en minimizar los daños, la agricultura regenerativa propone recuperar la fertilidad natural del suelo, aumentar la biodiversidad y fortalecer los procesos ecológicos que hacen posible una producción agrícola resiliente. Según la FAO (2021), este enfoque promueve sistemas agrícolas capaces de mejorar simultáneamente la salud del suelo, el ciclo del agua y la captura del carbono, generando beneficios tanto ambientales como productivos.

Uno de los principios fundamentales de este modelo consiste en mantener el suelo siempre cubierto mediante cultivos de cobertura o residuos vegetales, evitando que quede expuesto a la erosión provocada por el viento y las lluvias. Asimismo, se fomenta la reducción o eliminación de la labranza intensiva, ya que remover constantemente la tierra altera la estructura del suelo, disminuye su capacidad para almacenar carbono y afecta a los microorganismos responsables de mantener su fertilidad. Estas prácticas permiten conservar la humedad, mejorar la infiltración del agua y favorecer la actividad biológica del suelo (FAO, 2021).

Otra estrategia ampliamente utilizada es la diversificación de cultivos mediante rotaciones y asociaciones agrícolas. En lugar de sembrar una única especie durante varios años consecutivos, los agricultores alternan diferentes cultivos para aprovechar mejor los nutrientes disponibles, interrumpir ciclos de plagas y enfermedades, y favorecer la recuperación natural del suelo. De igual manera, la incorporación de árboles mediante sistemas agroforestales y la integración responsable del ganado permiten cerrar los ciclos de nutrientes y fortalecer la biodiversidad dentro de las explotaciones agrícolas (Schreefel et al., 2020).

Beneficios para el ambiente y la producción agrícola

El interés por la agricultura regenerativa ha crecido porque sus beneficios no se limitan a la conservación del medio ambiente, sino que también pueden fortalecer la productividad agrícola cuando las prácticas se implementan de acuerdo con las características de cada territorio. En lugar de depender exclusivamente de insumos externos para mantener los rendimientos, este enfoque busca recuperar los procesos biológicos del suelo para que este pueda sostener la producción de manera más eficiente y resiliente (Schreefel et al., 2020).

Imagen: Freepik

Uno de los principales beneficios es el incremento de la materia orgánica del suelo. Esta cumple un papel fundamental porque mejora la estructura del terreno, favorece la actividad de microorganismos y aumenta la capacidad para almacenar carbono atmosférico. Según Schreefel et al. (2020), un suelo con mayor contenido de carbono orgánico presenta mejores condiciones para el crecimiento de las plantas y contribuye simultáneamente a la mitigación del cambio climático, al reducir la concentración de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera. Asimismo, la implementación de cultivos de cobertura y la permanencia de residuos vegetales sobre la superficie del suelo contribuyen a disminuir la erosión causada por el agua y el viento. El manual Recarbonizing Global Soils de la FAO señala que estas prácticas aumentan la estabilidad de los agregados del suelo, favorecen la infiltración del agua, reducen la escorrentía superficial y ayudan a conservar la humedad durante periodos secos. Además, incrementan la actividad microbiana y favorecen la biodiversidad del suelo, factores esenciales para mantener su fertilidad a largo plazo.  

La regulación del agua constituye otro de los aportes más importantes de este modelo agrícola. Los suelos con mayor contenido de materia orgánica funcionan como una esponja natural, ya que pueden almacenar mayores cantidades de agua y liberarla gradualmente cuando los cultivos la necesitan. Esto permite reducir la vulnerabilidad frente a sequías y disminuye el riesgo de inundaciones ocasionadas por lluvias intensas. La FAO destaca que la cobertura permanente del suelo reduce la evaporación y mejora la infiltración, aspectos fundamentales para enfrentar los efectos del cambio climático sobre la agricultura.  En términos productivos, la evidencia científica muestra que las prácticas regenerativas pueden favorecer el rendimiento de los cultivos en el mediano y largo plazo, aunque los resultados dependen del clima, el tipo de suelo y el manejo agrícola. La FAO explica que las especies fijadoras de nitrógeno, especialmente las leguminosas utilizadas como cultivos de cobertura, pueden incrementar la disponibilidad natural de este nutriente y reducir la necesidad de fertilizantes sintéticos. Sin embargo, también advierte que la adopción de estas prácticas requiere planificación y asistencia técnica, ya que algunos beneficios solo se observan después de varios años de implementación y pueden variar entre regiones. 

No obstante, diversos investigadores advierten que la agricultura regenerativa no debe considerarse una solución única para todos los problemas ambientales. Schreefel et al. (2020) sostienen que sus resultados dependen de las condiciones ecológicas, económicas y sociales de cada territorio, por lo que su éxito requiere adaptar las prácticas al contexto local y respaldarlas con investigación científica, monitoreo continuo y políticas públicas que faciliten su implementación.

El caso de Perú: avances y desafíos

En el Perú, la agricultura representa una actividad fundamental para la economía y la seguridad alimentaria; sin embargo, muchas zonas agrícolas enfrentan problemas relacionados con la degradación del suelo, la erosión, la pérdida de fertilidad y los efectos del cambio climático. Esta situación es especialmente evidente en regiones donde predominan el sobrepastoreo, la deforestación o el uso intensivo de fertilizantes químicos, factores que reducen progresivamente la capacidad productiva del suelo. Ante este panorama, distintas instituciones vienen promoviendo la incorporación de prácticas regenerativas en la agricultura peruana. De acuerdo con especialistas de la Escuela de Posgrado de ESAN, este modelo propone mejorar simultáneamente la productividad agrícola y la salud del suelo mediante estrategias como el uso de abonos orgánicos, cultivos de cobertura, rotación de cultivos, biofertilizantes y sistemas agroforestales. Estas prácticas permiten reducir la dependencia de insumos químicos, fortalecer la biodiversidad y aumentar la resiliencia de los cultivos frente a eventos climáticos extremos (ESAN, 2024).

Sin embargo, la transición hacia sistemas regenerativos aún enfrenta importantes desafíos. Uno de ellos es el acceso limitado de muchos productores a capacitación técnica y acompañamiento especializado para implementar nuevas prácticas de manejo. A ello se suma la necesidad de realizar inversiones iniciales y de esperar varios años para observar plenamente algunos beneficios, como la recuperación de la materia orgánica del suelo o el aumento de su capacidad para almacenar carbono. Por ello, ESAN (2024) señala que el éxito de la agricultura regenerativa dependerá del trabajo conjunto entre productores, instituciones académicas, Estado y sector privado para generar incentivos, fortalecer la investigación y promover programas permanentes de capacitación.

El papel de productores y consumidores

La construcción de sistemas agrícolas más sostenibles no depende únicamente de quienes trabajan la tierra. Los consumidores también pueden contribuir a este proceso mediante decisiones responsables de compra y consumo. Preferir alimentos producidos bajo prácticas sostenibles, apoyar a pequeños agricultores, reducir el desperdicio de alimentos y valorar los productos provenientes de sistemas regenerativos favorece el desarrollo de mercados que incentivan una agricultura más respetuosa con el medio ambiente.

Por su parte, las empresas desempeñan un rol importante al incorporar criterios de sostenibilidad en sus cadenas de suministro y promover estándares de producción que incentiven la conservación del suelo y la biodiversidad. De igual manera, las instituciones públicas tienen la responsabilidad de impulsar políticas que faciliten el acceso a innovación tecnológica, financiamiento y asistencia técnica para acelerar la transición hacia modelos agrícolas más resilientes.

Por ello, la agricultura regenerativa representa una oportunidad para replantear la relación entre la producción de alimentos y la conservación de los recursos naturales. Más que un conjunto de prácticas agrícolas, constituye un enfoque que reconoce al suelo como un ecosistema vivo cuya recuperación resulta indispensable para garantizar la seguridad alimentaria, proteger la biodiversidad y enfrentar el cambio climático. Aunque todavía existen desafíos relacionados con su implementación y con la generación de mayor evidencia científica en diferentes contextos, las investigaciones disponibles coinciden en que restaurar la salud del suelo fortalece la capacidad de los sistemas agrícolas para adaptarse a las condiciones ambientales del futuro. En un escenario donde la demanda de alimentos continúa creciendo y los efectos del cambio climático son cada vez más evidentes, promover prácticas que regeneren los ecosistemas agrícolas deja de ser únicamente una alternativa para convertirse en una necesidad que compromete a productores, consumidores, empresas y gobiernos.

Fuentes bibliográficas

Escuela de Posgrado ESAN. (2024). Agricultura regenerativa: Un enfoque sostenible para mejorar la productividad y la salud del suelo en el Perú. https://www.esan.edu.pe/conexion-esan/agricultura-regenerativa-un-enfoque-sostenible-para-mejorar-la-productividad-y-la-salud-del-suelo-en-el-peru

Food and Agriculture Organization of the United Nations. (2021). Keeping soils alive and healthy is key to sustain life on our planet. https://www.fao.org/newsroom/detail/Keeping-soils-alive-and-healthy-is-key-to-sustain-life-on-our-planet/en

Food and Agriculture Organization of the United Nations. (2021). Recarbonizing global soils: A technical manual of recommended sustainable soil management (Vol. 3: Cropland, grassland, integrated systems and farming approaches). FAO. https://openknowledge.fao.org/items/b05a2539-f9e0-470c-b258-dabfc38dcd0e

Intergovernmental Panel on Climate Change. (2019). Climate Change and Land: An IPCC Special Report on Climate Change, Desertification, Land Degradation, Sustainable Land Management, Food Security, and Greenhouse Gas Fluxes in Terrestrial Ecosystems. https://www.ipcc.ch/srccl/

Schreefel, L., Schulte, R. P. O., de Boer, I. J. M., Schrijver, A. P., & van Zanten, H. H. E. (2020). Regenerative agriculture – The soil is the base. Global Food Security, 26, 100404. https://doi.org/10.1016/j.gfs.2020.100404