Premio al Concepto
Cuando Elektra tocó
nuestras puertas para pedirnos que difundiéramos la convocatoria
de su concurso de paneles publicitarios no imaginamos que nos
llevaríamos el primer puesto, además de un doble
empate en el tercer lugar.
Omar
Sotomayor, fue el ganador, Paola Sánchez y el grupo conformado
por Leyla Carbajal y Angélica Miranda empataron en el tercer
puesto. Como resultado a su esfuerzo los chicos recibieron una
PC con su impresora, en un caso, y un juego de TV de 29
más un DVD, en el otro por partida doble. Pero esto no
fue lo más importante. El premio real fue la oportunidad
de sentarse en el directorio al lado de los gerentes de Elektra
y sustentar las campañas, explicar su estrategia y sus
conceptos creativos. Como en las grandes lides, pero con premio
y certificado de yapa.
Habla Omar:
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Es difícil hablar de los premios publicitarios sin que
todo suene a auto bombo o publicidad personal pero, en fin, a
eso me dedico, a la publicidad. Cuando vi la convocatoria de la
campaña contra las drogas, faltaban un par de días
para el cierre de inscripciones y cómo no soy un creativo
gráfico sino un redactor. no pensé participar. Sin
embargo, una vez que una idea te zumba en la cabeza no deja de
hacerlo ni cuando buscas el sueño en la cama o en la combi.
Me golpearon algunas ideas que realicé rápido (con
un manejo artesanal de Photoshop y Corel), y como no decidía
cuál inscribir, decidí inscribir ambas. Sabía
que tratándose de un público joven, la pieza debía
ser sólo una imagen impactante y que lo dijera todo, sin
necesidad de un texto, y las piezas que elaboré cumplían
con este requisito. Mi propósito era medirme con otros
creativos, no se trataba de quedar primero, sino de ganarle al
resto. Pero nunca esperé ganar el primer y el segundo lugar.
Uno no sabe cómo tomárselo, sobre todo cuando la
pieza que queda segundo era la que tú hubieras elegido
en primer lugar. Uno de los jurados que me entrevisto me comentó
que la verdad es que mis diseños no eran los mejores (no
me diga ¿y cómo se dio cuenta?, pensé), pero
que el concepto era el mejor y el más directo.
A esas alturas uno se siente como un martillo al que del cielo
no le caen los clavos, porque a pesar del premio (que en algo
consolaba a mi madre que quería que sea abogado), sabía
que tenía que ingresar a un agencia para aprender lo necesario,
así que entre ola y ola - entre agencia pequeña
y agencia pequeña cogí una buena que me llevó
a Euro RSCG donde a cocachos aprendí mi labor de
creativo. Cuando tuve que dejar la agencia fue para seguir
aprendiendo en el extranjero. Fuí a España y con
lo aprendido esta vez participé en una convocatoria para
guiones, al fin algo escrito, me presenté a nivel de Latinoamérica.
Es más fácil sentarse a escribir, pensé,
hasta que te sientas claro, y estás completamente en blanco.
Tenía que encontrar símbolos universales, un spot
que se entendiera entre todos los países de habla hispana,
pensar en global. Una vez superado el bloqueo creativo, nació
resultado de la inspiración y la cafeína, uno de
los tres guiones ganadores y seleccionados para ser producidos
y filmados por esta casa realizadora en España.
Es difícil hablar de los premios publicitarios sin que
todo suene a auto bombo o publicidad personal pero, en fin, a
eso me dedico, a la publicidad. Cuando vi la convocatoria de la
campaña contra las drogas, faltaban un par de días
para el cierre de inscripciones y cómo no soy un creativo
gráfico sino un redactor. no pensé participar. Sin
embargo, una vez que una idea te zumba en la cabeza no deja de
hacerlo ni cuando buscas el sueño en la cama o en la combi.
Me golpearon algunas ideas que realicé rápido (con
un manejo artesanal de Photoshop y Corel), y como no decidía
cuál inscribir, decidí inscribir ambas. Sabía
que tratándose de un público joven, la pieza debía
ser sólo una imagen impactante y que lo dijera todo, sin
necesidad de un texto, y las piezas que elaboré cumplían
con este requisito. Mi propósito era medirme con otros
creativos, no se trataba de quedar primero, sino de ganarle al
resto. Pero nunca esperé ganar el primer y el segundo lugar.
Uno no sabe cómo tomárselo, sobre todo cuando la
pieza que queda segundo era la que tú hubieras elegido
en primer lugar. Uno de los jurados que me entrevisto me comentó
que la verdad es que mis diseños no eran los mejores (no
me diga ¿y cómo se dio cuenta?, pensé), pero
que el concepto era el mejor y el más directo.
A esas alturas uno se siente como un martillo al que del cielo
no le caen los clavos, porque a pesar del premio (que en algo
consolaba a mi madre que quería que sea abogado), sabía
que tenía que ingresar a un agencia para aprender lo necesario,
así que entre ola y ola - entre agencia pequeña
y agencia pequeña cogí una buena que me llevó
a Euro RSCG donde a cocachos aprendí mi labor de
creativo. Cuando tuve que dejar la agencia fue para seguir
aprendiendo en el extranjero. Fuí a España y con
lo aprendido esta vez participé en una convocatoria para
guiones, al fin algo escrito, me presenté a nivel de Latinoamérica.
Es más fácil sentarse a escribir, pensé,
hasta que te sientas claro, y estás completamente en blanco.
Tenía que encontrar símbolos universales, un spot
que se entendiera entre todos los países de habla hispana,
pensar en global. Una vez superado el bloqueo creativo, nació
resultado de la inspiración y la cafeína, uno de
los tres guiones ganadores y seleccionados para ser producidos
y filmados por esta casa realizadora en España.
Los premios publicitarios son como el dinero para los artistas,
dicen que no les interesa, pero les gustaría tenerlo. Por
eso, a pesar de que fui nominado a los James en dos ocasiones
(mejor spot y mejor serie fotográfica), y no gané,
que siempre es más bonito que perdí no hay
resentimientos. Lo importante es que cada competencia te deje
algo, así como yo aprendí a no volver a participar
en concursos donde tuviera que emplear programas de diseño.
El caso de tiendas Elektra no fue distinto, necesitaban una campaña
que funcione, debía tener claro que la campaña sería
real. Siempre debemos recordar quién es el cliente, que
tipo de publicidad viene haciendo, cuál de sus reglas podemos
romper y cuál no -porque sí, la creatividad tiene
reglas-. Era un trabajo exhaustivo, en este caso debíamos
elaborar la campaña comenzando por la estrategia. Muchos
empezaron, de seguro, elaborando primero la creatividad (una tentación,
no lo dudo), otros empezamos buscando, erróneamente, el
concepto creativo, y en este último saco tengo que meterme.
Renegaba, como muchos creativos, de tener que elaborar toda la
propuesta estratégica para recién entrar a trabajar
la creatividad ¿dónde hay alguien de Cuentas cuando
se le necesita?. Pero, al no conseguir una alternativa de concepto
que cubriera mis expectativas, me detuve a elaborar la estrategia,
a conocer a mi público objetivo, a trazar los objetivos
de la comunicación, etc. Y una vez terminado, créanme,
la creatividad fue fácil, era obvia, nació de la
estrategia. Estaba seguro que muchos presentarían propuestas
ultra creativas (o sea, no pertinentes o irrelevantes),
otros con una escasa creatividad, y definitivamente el premio
se decidiría entre los que, además de haber hecho
nacer la idea creativa de su estrategia, hubieran encontrado un
diferencial relevante y un insight significativo para el consumidor.
Me gustaría revelarles cuáles fueron los que empleé
yo, pero eso lo podrán ver ustedes mismo en la vía
pública.
por ahora les diré que una vez elaborado el concepto central
- que resultaba obvio - fue necesario hacerlo conciso, había
que tener en mente que hablábamos de la vía pública,
el mar publicitario, inundado de marcas que pasan a ser fulanos
de tal entre la congestión. Había que simplificar
la idea para su rápida comprensión, siempre recordando
que no debemos tomar a la gente por tonta, pero tampoco debemos
olvidar que lo son. Finalmente, elaboré siete piezas que
giraban alrededor del mismo concepto para todos, supongo, fue
complicado encontrar un concepto que se pudiera reproducir en
un mínimo de seis piezas como indicaba la convocatoria.
Inmediatamente me enfrenté nuevamente al diseño
de la piezas, y aunque en el tiempo transcurrido desde mi primer
enfrentamiento con el mundo del diseño he aprendido mucho,
tuve que hacerlo como un pekinés contra un perro grande:
con más coraje que recursos.