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Viernes, 19 de diciembre del 2014
El medio ambiente, las empresas y nuestra Casa Grande

El autor de este artículo es Rubén Guevara, Profesor e Investigador Principal de EcoNegocios de CENTRUM Católica. Tiene un Doctorado en Economía y Gestión de Recursos Naturales (Universidad de Idaho, EEUU), además de un Diplomado en Administración de Empresas (Harvard Business School).

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Martes, 01 de junio del 2010  |  

AMENAZAS AMBIENTALES FORMIDABLES

 

El próximo viernes 05 de junio se celebrará el Día Mundial del Ambiente, establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas (NU) el 15 de diciembre de 1972.  Es propicia la ocasión para hacer una reflexión sobre los avances –o retrocesos – en materia ambiental, tanto en el Perú como en el mundo.

 

Desde ese entonces, ha habido grandes avances en materia ambiental, pero el balance es más bien negativo e incluso sombrío. La creación de leyes en prácticamente todos los países del orbe, la aprobación de Tratados y Acuerdos ambientales internacionales y el involucramiento cada vez mayor del sector empresarial y de la sociedad civil organizada no han logrado tener el impacto necesario para detener el deterioro ambiental mundial. Ahora más que nunca las amenazas ambientales que se ciernen sobre nuestra Gran Casa, el Planeta Tierra, son cada vez más complejas y difíciles de revertir.

 

Entre las amenazas más graves están el cambio climático, la contaminación de las aguas, el deterioro irreversible de hábitats importantísimos para mantener la salud de los ecosistemas y la diversidad biológica (los ciclos de vida) y la contaminación genética de los recursos alimentarios y de uso industrial, provocada por los organismos genéticamente modificados (OGM). Todas ellas tienen un denominador común: hombres y mujeres, produciendo o consumiendo bienes y servicios de espaldas al desarrollo sostenible.

 

La minería - a pesar de los cambios positivos rápidos que están ocurriendo entre las empresas más visibles del sector-, la industria forestal y el sector de la pesca en el Perú, practican un modelo de desarrollo económico y social predominantemente extractivo, contaminante del medio ambiente y deteriorador de los recursos naturales.

 

Tanto en estos como en otros sectores, están ocurriendo cambios positivos, pero, sin lugar a dudas, la agricultura y los agronegocios son los que encabezan este rubro. Perú es un líder mundial en producción de varios productos agrícolas certificados que garantizan un mínimo impacto negativo al medio ambiente. También existe una fuerte tendencia a la domesticación de decenas de especies agrícolas con altísimo potencial comercial, con amplia participación social, abriendo opciones viables de uso y conservación de la biodiversidad nacional.

 

Asimismo, no son pocas las empresas que están adoptando prácticas de responsabilidad social con un enfoque integral que incluye los aspectos sociales y ambientales. Incluso un número reducido de empresas ha comenzado a aplicar políticas corporativas en búsqueda de la eco-eficiencia y la reducción de su huella ecológica.

 

ACCIONES INSUFICIENTES Y ENFOQUE ERRADO


A pesar de la evidencia científica y del sentido común, los esfuerzos y las acciones de los Estados, empresas y personas como individuos son en la mayoría de los casos insuficientes y, en muchísimos casos, contraproducentes.

 

La brecha entre lo dicho, lo acordado y las acciones concretas son cada vez mayores. Se llevan a cabo innumerables eventos internacionales y nacionales (gubernamentales, del sector privado y de organizaciones civiles) para tratar de resolver los problemas ambientales arriba apuntados y otros no mencionados y, en casi todos los casos, el único resultado ha sido el incremento de la huella de carbono, de la huella ecológica y del turismo relacionado con esas reuniones.

 

El caso particular de las negociaciones relacionadas con el cambio climático son quizás las más patéticas. Ni la Convención de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, ni su instrumento vinculante, el Protocolo de Kyoto, han tenido efectos notorios para revertir este fenómeno. Mientras tanto los glaciares continúan derritiéndose a tasas cada vez mayores y los efectos negativos del cambio climático se hacen ver en el régimen de lluvias, huracanes y tifones, en las plagas y enfermedades, etc. afectando negativamente a millones y millones de personas en todo el mundo.

 

¿Si el multilateralismo y los gobiernos son ineficientes en la búsqueda de soluciones ambientales duraderas, podrían las empresas y la sociedad civil organizada jugar roles más protagónicos en este ámbito? Sin lugar a dudas que sí, en alianza con el gobierno.

 

Llegó el momento de liberar el poder de la innovación, de aplicar el liderazgo y la habilidad de lograr cambios de las empresas y de la sociedad civil organizada, pues en realidad son ellos quienes tienen la llave. Si se logra cambiar los patrones de producción, de generación de servicios y de consumo, utilizando enfoques más cercanos al desarrollo sostenible, tales como el de los econegocios, también se logrará incidir positivamente en éstas y otras amenazas.

 

La solución está definitivamente en las manos de las personas, tanto en su rol de líderes empresariales, de organizaciones de la sociedad civil o del gobierno. Pero, ¿qué se necesita para lograr este involucramiento proactivo de estos dos grandes actores? Entre muchas otras cosas, una práctica cotidiana, con visión de largo plazo y un enfoque holístico, que encuentre armonía entre la actividad humana, la humanidad y la naturaleza y entre la ética y la verdad.


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