¿Qué es un auto sacramental?

La palabra auto quería decir acto. Por lo tanto un auto es una pieza en un acto, tal como ahora lo entendemos. Podríamos decir, pues, con toda propiedad "acto sacramental" en vez de auto sacramental.

¿Por qué sacramental? Porque los autos sacramentales estaban dedicados al sacramento por excelencia: la Eucaristía, y originalmente se representaban sólo el día de Corpus y en su octava.

El auto sacramental es producto de un pueblo, el español, y de una época determinada, el siglo XVII. Aunque se han escrito autos antes y después, aquélla fue la época de su mayor florecimiento.

El teatro medieval nace de la liturgia de la misa, luego se desprende de ésta y sale a los atrios de las iglesias y, por último, se seculariza y recorre las calles de las principales ciudades montado sobre grandes carros (un poco a la manera de los carros alegóricos que hace unos cincuenta años recorrían las calles de Lima durante el corso del carnaval).

Los autos son obras en verso, de tema religioso -bíblico muchas veces-, moralistas y de fácil comprensión pues estaban destinados al pueblo, como medio de evangelización.

Son obras alegóricas. Es decir, que sus personajes no son seres de carne y hueso, sino que representan otra cosa: el bien, el mal, las virtudes y los vicios, la vida y la muerte. O, como en "La vida es sueño", a los elementos, el poder, el amor, la sabiduría, etc.



El gran teatro del mundo
Catedral de Lima 1997

 
Otra característica de los autos sacramentales es el anacronismo. O sea que ocurren en escena, mezcladas, cosas de una y otra época. Quizá se podría decir, más bien, que son obras intemporales. Pueden aparecer en ellas, por ejemplo, Adán y Eva y al mismo tiempo un labrador con su azadón en la mano.

La alegoría, la intemporalidad, el simbolismo confieren a los autos sacramentales una ductilidad tal que permite que se presten a todo tipo de montajes, desde el más tradicional sobre un carro, como hace 400 años, hasta la más audaz puesta en escena de vanguardia.
   

 

Por su carácter de teatro religioso-popular, el auto sacramental se presta magníficamente a los montajes espectaculares al aire libre. Y Lima, con la benignidad de su clima y la belleza de sus joyas arquitectónicas coloniales, es el ámbito perfecto para un espectáculo teatral popular a cielo abierto.

Ricardo Blume