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El auto sacramental es
producto de un pueblo, el español, y de una época
determinada, el siglo XVII. Aunque se han escrito autos
antes y después, aquélla fue la época de su mayor
florecimiento.
El
teatro medieval nace de la liturgia de la misa, luego se
desprende de ésta y sale a los atrios de las iglesias y, por
último, se seculariza y recorre las calles de las
principales ciudades montado sobre grandes carros (un poco
a la manera de los carros alegóricos que hace unos cincuenta
años recorrían las calles de Lima durante el corso del carnaval).
Los autos son obras en verso, de tema religioso -bíblico
muchas veces-, moralistas y de fácil comprensión pues
estaban destinados al pueblo, como medio de evangelización.
Son obras alegóricas. Es decir, que sus personajes no
son seres de carne y hueso, sino que representan otra cosa:
el bien, el mal, las virtudes y los vicios, la vida y la
muerte. O, como en "La vida es sueño", a los elementos, el
poder, el amor, la sabiduría, etc. |
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El
gran teatro del mundo
Catedral
de Lima 1997
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Otra característica de
los autos sacramentales es el anacronismo. O sea que
ocurren en escena, mezcladas, cosas de una y otra
época. Quizá se podría decir, más bien, que son
obras intemporales. Pueden aparecer en ellas, por
ejemplo, Adán y Eva y al mismo tiempo un labrador
con su azadón en la mano.
La alegoría, la intemporalidad, el simbolismo
confieren a los autos sacramentales una ductilidad
tal que permite que se presten a todo tipo de
montajes, desde el más tradicional sobre un carro,
como hace 400 años, hasta la más audaz puesta en
escena de vanguardia.
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Por su carácter de teatro
religioso-popular, el auto sacramental se presta
magníficamente a los montajes espectaculares al aire libre.
Y Lima, con la benignidad de su clima y la belleza de sus
joyas arquitectónicas coloniales, es el ámbito perfecto para
un espectáculo teatral popular a cielo abierto.
Ricardo Blume |
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